martes, 28 de abril de 2009

Caminantes

Y sentía aquel frío por dentro, la traición a su corazón fue mas fuerte, y una suerte de timidez, lo acechaba como una serpiente a un ratón. No se sintió capaz de volver a mirar con sus ojos otras vez, y se propuso hacer de su vergüenza la compañera inseparable en sus rondas vespertinas.
Mientras caminaba en el infinito de las calles alumbradas por antiguas farolas percibía como todo su valor se desvanecía por la sola presencia de una brillante sonrisa de ensueño, y con la noche como aliada de su merodeo quiso saber mas. ¿Acaso podría hacerlo?, ¿Tendría la valentía?, los minutos pasaban de la medianoche y todo indicaba que si. La vergüenza se escondía detrás de sus rígidas facciones de fantasía por lo que no temía, y observo como ella también deseaba esa libertad al esconder sus miedos, sus expresiones, sus lágrimas y por sobre todo su alma. Cada paso que daba, observaba que había alguien como él, pero con una diferencia que era evidente, ella si podía vivir con ello, y hacia indiferencia indiscriminada a cualquier señalamiento o acusación, pero aun así prefería ocultar su posibles bellas virtudes faciales. Ambos eran presos de la mentira, la falsedad, y la tristeza reprimida, escudándose bajo mascaras de felicidad sostenidas por la confianza de ellos mismos, o al menos eso creían. Él porque ser el principal asesino de su propio corazón al destruir el amor que residía dentro y no pudo soportar un grito mudo de su alma en su garganta, y ella por entregarse a placeres pasados y querer reírse de acusaciones en demasía, que superaban todo intento de indiferencia. Esta vez, bajo el manto de la noche, y en las frías calles de la ciudad rodeados por la espesa niebla, el amor los sorprendió haciéndose presente en duras miradas, sin expresión y con la certeza de que, la tristeza y todo su pesar caminan sonriendo detrás del enamoramiento enmascarado de quienes creyeron tener a la confianza, como aliada incondicional entre tanto tormento y tanta mentira.