jueves, 10 de septiembre de 2009

El Secreto


Estaba ahí, cerca de ella, la observaba en la calle, doblando hacia el callejón, era una cara que se repetía en la multitud y desaparecía en la obscuridad. La había visto un millar de veces pero aun así no sabia nada sobre ellla, aunque vivían en la misma ciudad, pero no eran conocidos. La noche los reunía a su antojo, mientras el día los separaba sin interés alguno. Solo bastaban miradas, que en rara ocasión ameritaban un escueto saludo, como si la situación los forzara a eso. En toda la vida jamas habían cruzado una palabra, y aun así, se reconocían en cada encuentro. Llego a pensar que quizás habían sido amantes en una vida, que no era esta. Y se casi mentían cada vez que se veían, hipócritas en su historia, acompañado de calurosas sonrisas cómplices, era como si su alma la conociera desde siempre, pero su cuerpo nunca se había enterado. Empezó a imaginar como seria conocerla. ¿Si acaso la defrauda?, ¿Tendría la valentía de invitarle una copa?, ¿Tendría miedo de que pensara que era una cualquiera?, había tantas preguntas sin respuesta, y aun así seguía sintiendo que la conocía demasiado. Vestido de etiqueta arribó donde sabia que la encontraría con facilidad, dispuesta a todo, a despejar esas dudas, que en ocasiones, interrumpían su descanso, de una imagen que atormentaba sus sueños, y de esa pregunta atorada en la garganta que parece nunca querer salir. La luz de la luna que entraba por la puerta hizo que volteara y al verla divisó que su mano sostenía la de un niño de su misma edad, que tan perfecto de rasgos era, que se sintió engañado, casi traicionado como si todo su mundo se derrumbara por semejante situación. Incomoda ella, aunque nunca despechada, hizo como si lo ignorase, al fin y al cabo, no era de tanta importancia ese maldito saludo ocasional, que tantas preguntas trajo a su vida y que algún día tendría que contestar. El se retiro, sin su casi, habitual saludo, y aunque poco le importo, la siguió y supo la verdad, siempre que caminaba por la misma calle, y desaparecía en la obscuridad del callejón.

domingo, 9 de agosto de 2009

Libérate


Y así soporto por tanto tiempo el amargo sabor de la soledad. La niña solo supo entregar su corazón a quien había huido para siempre de su lado, para dejarla sola con sus recuerdos que atormentaban sus noches sin descanso, pero volviendo en cada sueño, a preguntarse si habría vida después del amor, pero sus ojitos no derramarían lágrimas por siempre, y por fin, esa enorme cicatriz en su alma parecía quedar sin rastros, aunque el dolor tardaría un poco mas en desaparecer, porque como todos saben, el dolor en el corazón herido por el amor, solo es curado por un amor mas fuerte y puro que aquel que lo lastimo. Era tiempo de ver hacia adelante, era tiempo de que su vida se abriera camino, era tiempo de que su belleza sea admirada por todos, y que el amor, la entregase a los brazos de quien la mereciera. Ya no había lugar en su vida para mas heridas, y una soberbia florecía en lo profundo de su actitud. La niña había acorazado su corazón, el mismo que una vez fue lastimado, quedando este frágil, y temeroso de recibir otra vez un golpe tan fuerte y asesino como si un puñal lo penetrara hasta desangrarlo. Esta vez el amor estaría a su merced y por eso decidió seducir a quien la deseara solo por su belleza, para darle una lección al a veces torpe Cupido, que confundía, a quienes se consagraban caballeros, con su propia satisfacción de poseerla. y no por el amor que tenia para dar. Sus flechas muchas veces se clavaban en corazones ajenos a la pureza y le hacían promesas vacías a quien, lo único que quería era tener, era alguien que la amara como ella sabia amar. La niña parecía confundir a todos, haciéndolos pensar que su amor era para si misma, pero esos pobres tontos no sabían de su cicatriz oculta, y al no tener compromiso con alguien, al fin supo que, aún con un grito de amor en la garganta, y lágrimas ocultas por el manto de la oscuridad en la noche, de una manera diferente, habría una vida después del amor.

miércoles, 5 de agosto de 2009

Sacrificio


Nunca antes pudo sentir esa presencia. Su ceguera había sido suplicada desde que su amor le fue arrebatado de su lecho por la soberbia muerte que no tuvo piedad al dejarlo solo. Había decidido no ver mas,y se entrego para siempre a las tinieblas, la oscuridad seria su única compañía, por el toda la eternidad, y la soledad en los fríos corredores de su morada, lo guiaba mediante el perfume que su amor dejo en el aire. Quería, de alguna manera, seguir a su lado, y por eso entrego su corazón al abismo de la noche, que era lo mas parecido a la muerte. Ya no podía disfrutar de nada, los latidos de su corazón, lo despertaban a mitad de la noche, la comida no tenia sabor alguno, y el vino no saciaba su sed. Perderla fue perder su propia vida, y enterrarla fue sepultar su amor. Mantendría sus ojos cerrados para siempre, tratando de imaginar la vida que tendrían, de estar juntos otra vez. El amor había sido muy cruel, exigiendo un sacrificio a su pureza, pero aun así acepto su suerte. La amaba mas que a nada, haría lo que fuera por ella, incluso entregar sus ojos, para ya no verla mas, solo sentirla a su lado y demostrarle al amor que había abusado de su poder, porque su corazón latía en su corazón, y su perfume era su guia. Esta vez, el amor fue preso del amor, quedando en evidencia ante la pasión que los unía, juzgado por la ceguera del sentimiento, y condenado por el corazón enamorado, en cuyos latidos, vivirá el dolor de la separación desde su muerte.

martes, 28 de abril de 2009

Caminantes

Y sentía aquel frío por dentro, la traición a su corazón fue mas fuerte, y una suerte de timidez, lo acechaba como una serpiente a un ratón. No se sintió capaz de volver a mirar con sus ojos otras vez, y se propuso hacer de su vergüenza la compañera inseparable en sus rondas vespertinas.
Mientras caminaba en el infinito de las calles alumbradas por antiguas farolas percibía como todo su valor se desvanecía por la sola presencia de una brillante sonrisa de ensueño, y con la noche como aliada de su merodeo quiso saber mas. ¿Acaso podría hacerlo?, ¿Tendría la valentía?, los minutos pasaban de la medianoche y todo indicaba que si. La vergüenza se escondía detrás de sus rígidas facciones de fantasía por lo que no temía, y observo como ella también deseaba esa libertad al esconder sus miedos, sus expresiones, sus lágrimas y por sobre todo su alma. Cada paso que daba, observaba que había alguien como él, pero con una diferencia que era evidente, ella si podía vivir con ello, y hacia indiferencia indiscriminada a cualquier señalamiento o acusación, pero aun así prefería ocultar su posibles bellas virtudes faciales. Ambos eran presos de la mentira, la falsedad, y la tristeza reprimida, escudándose bajo mascaras de felicidad sostenidas por la confianza de ellos mismos, o al menos eso creían. Él porque ser el principal asesino de su propio corazón al destruir el amor que residía dentro y no pudo soportar un grito mudo de su alma en su garganta, y ella por entregarse a placeres pasados y querer reírse de acusaciones en demasía, que superaban todo intento de indiferencia. Esta vez, bajo el manto de la noche, y en las frías calles de la ciudad rodeados por la espesa niebla, el amor los sorprendió haciéndose presente en duras miradas, sin expresión y con la certeza de que, la tristeza y todo su pesar caminan sonriendo detrás del enamoramiento enmascarado de quienes creyeron tener a la confianza, como aliada incondicional entre tanto tormento y tanta mentira.

domingo, 25 de enero de 2009

Fruto de Pasión


Y así es que un suspiro resumía su desahogo, ella volvía a sus brazos, y después de tanto tiempo, la música comenzaba a tener sentido otra vez, cual melodía desnudaba su felicidad. Había sido demasiado, pero no perdió las esperanzas de volver a sentir ese fuego entre ellos al abrazar. El era todo para ella, era todo lo que una vez soñó, sus ojos, su cara, sus cabellos, y su ángel eterno que residía en su mirar, la hicieron esclava de sus besos y abrazos.
Volviéndose indiferentes a prejuicios, de propios, de extraños, y de los mas cercanos, el amor reinaba en sus corazones enamorados, el amor conquisto sus almas uniéndolas para siempre, salvándolas de la daga que la duda trata de clavar, para que la incertidumbre destruya la confianza que, muchas veces vieron en sus miradas. Su complicidad con el amor, trajo a su mesa, el mas grandioso banquete. Trajo a su cama, la furiosa pasión entre sus cuerpos. Y trajo a sus vidas, los sueños, esos que cumplieron tan facilmente, y que la felicidad se ocupaba de argumentar. La alegría de gozo era tan infinita, y el amor los bendijo, por esa confianza que los unía cada vez mas, y los abrazaba al regocijo del corazoncillo, a quien juntos dieron vida. Sus vidas llenas de amor, y el amor dando vida.

domingo, 18 de enero de 2009

Gélida Ilusión


Mientras hacia vibrar sus cuerdas, lo asaltaban los recuerdos que alguna vez fueron tiempos junto a ella, con quien tantos momentos preciosos había vivido. Confundida por la poesía de un extraño viajero, el amor se le escapo una vez mas, en el infinito camino de la noche, cuyas huellas desaparecen por complicidad de la lluvia, como las lágrimas que no dejan ver mas allá de lo borroso, en la búsqueda de una cara, que distinguía su soberbia belleza de mujer. La ausencia de su amada se hizo dueña de sus largas noches llevándose consigo toda esperanza de volver a verla. ¿Había perdido a su amor para siempre?; ¿Seria eso posible?; ¿Sentiría sus labios otra vez?. Estaba dispuesto a olvidarla para que el dolor no se acrecentara, y mucho menos lo conquistara, pero lo único que consiguió fue el silencio de la soledad. Nada se comparaba con su amor, ni la mas elaborada melodía, mucho menos un delicioso banquete, o la mas embriagadora bebida. Así la amaba, así la esperaba, así la extrañaba, en la misteriosa y soberbia soledad que se desnudaba a la luz de las velas y su recuerdo flotaba en sus notas. Sentía como si miles de espadas se clavaran en su cuerpo. Sangraba de dolor por su corazón desolado, y su desesperanza viva, mientras porfiaba sus escalas, que sonaban como el grito del alma torturada. Tocaba de dolor, su corazón solo latía al son, de quien siempre esperaba y deseaba rodear con sus brazos, para hacer de ella, su mas hermosa canción.

jueves, 8 de enero de 2009

Amantes


Añoraba tanto esa rosa de cristal, era todo un lujo para él, la razón de su placer, era todo lo que deseaba. Entregó su propio brillo por poseerla, pero no supo domar el miedo, el temblor de su corazón desterró un amor nunca antes sentido, y esa copa se rompió, dejando un lugar vacío en su mesa. Esas sensaciones de poder incontrolable, y sus miedos al enamorarse lo habían dejado en soledad, en evidencia, de que no supo dejarse amar, y así un alto precio pagó. Delicada como un pétalo, peligrosa como espina, y paciente como una cobra, así era ella, así la deseaba él. No le importaba ya caer en el yugo de su veneno otra vez, aún así lo sentiría como el amor penetrando en sus venas hasta pasar por su corazón hechizado para volver a su torrente. Todo por esa mirada, y ese enigma de mujer. Nada le importaba ya, ni siquiera el peligro que corría, nada podría despertarlo de ese sueño que era tenerla. Así era la ceguera de su amor, así lo trataba en las noches de desesperanza acompañado por el dolor de su ausencia que amputaba su alma quedando solo su cuerpo y su mirada al infinito buscándola desde su balcón. Deseaba que ella sintiera su ausencia también, y regresara a secar sus lágrimas, que lo cegaban aún mas, al perder su rastro, en el brillo de las luces de la acera en la noche, anhelaba con abrazarla, y acariciar su rostro de niña, para fundirse en un beso, en que amor latiera en sus corazones para siempre. Solo así despertaría del oscuro sueño, para vivir noches de amor, caricias, música, lujo, y placer.